martes, 12 de abril de 2011

Una cámara acorazada en la que apenas hay ya dinero en efectivo.

La seguridad del edificio principal del Banco Herrero en Oviedo se acentúa en el sótano. Al traspasar varias puertas vigiladas las 24 horas del día se accede a una sala donde se encuentran las cajas de seguridad que están protegidas por acero blindado. Hay 744, son de varios tamaños y cubren totalmente, desde el suelo hasta el techo, las paredes de una habitación pequeña y sin elementos decorativos. En este cuarto sólo llama la atención el brillo que desprende el material con el que han sido fabricadas las propias cajas y que están alquiladas para guardar objetos personales.
En otro sótano, tras una puerta acorazada de gran grosor, donde antiguamente se almacenaba el dinero, hoy hay un archivo. Su uso ha cambiado porque ahora los bancos ya no guardan elevadas sumas de dinero en efectivo, el que antes se necesitaba para pagar las nóminas de los trabajadores y llevar a cabo operaciones que requerían elevadas cantidades de efectivo. De esa época, el Banco Herrero recuerda un suceso que quedará grabado para siempre en la memoria de la entidad. Corría el año 1979 cuando la oficina principal de la calle Fruela fue objeto de una acción de ETA. Ese año, la banda terrorista secuestró a las familias de los tres jefes de caja porque tenían las tres llaves que abrían el recinto acorazado del banco. Una vez en su poder pudieron penetrar en la caja y apoderarse de una cantidad importante de dinero, la que iba a distribuirse por las sucursales de las Cuencas para abonar las nóminas de los empleados de Hunosa.
Otro suceso que forma parte de la historia de la entidad bancaria se remonta a la Revolución del 34, cuando un grupo de sublevados intentó reventar la cámara de seguridad, pero no lo consiguió. Por el contrario, en el entonces vecino Banco de España se llevó a cabo una acción similar que sí se consumó con éxito.
Y durante la Guerra Civil, el edificio de Manuel del Busto, a pesar de los constantes bombardeos que se sucedieron en la ciudad, no sufrió daños dignos de destacar, ni siquiera se deterioró la vidriera que cubre el patio de operaciones, un lugar en el que hasta hace pocos años se reunían los clientes para analizar los movimientos de la Bolsa. Era un punto de encuentro y de tertulia de inversores ovetenses que seguían a través de una pantalla digital las cotizaciones bursátiles.
En definitiva, hechos que narran la historia de un edificio que cumple sus primeros cien años de vida.

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